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lunes, 25 de abril de 2011

Osho habla sobre el tantra 3

El tantra dice que seas real, que seas auténtico. Tu felicidad no es mala; es buena. iNo es pecado! Sólo la tristeza es pecado, sólo ser desdichado es pecado. Ser feliz es una virtud, porque una persona feliz no creará desdicha en los demás. Sólo una persona feliz puede ser una base para la felicidad de los demás.



En segundo lugar, cuando digo que el tantra no es ni moral ni inmoral, quiero decir que el tantra es básicamente una ciencia. Te mira a ti, a lo que eres. Eso significa que el tantra no está tratando de transformarte, sino que de hecho te transforma por medio de la realidad. La diferencia entre la magia y la ciencia es la misma que entre la moralidad y el tantra. La magia también trata de transformar las cosas simplemente por medio de palabras, sin conocer la realidad. El mago puede decir que ahora pararán las lluvias; no puede pararlas realmente. O puede decir que llegarán las lluvias; pero no puede comenzarlas; sólo puede seguir usando palabras.



A veces habrá coincidencias, y entonces se sentirá poderoso. Y si la cosa no va a suceder según su profecía mágica, siempre puede decir: «¿Qué ha ido mal?». Esa posibilidad siempre está oculta en su profesión. Con la magia todo comienza con «si». Puede decir: «Si todos son buenos, virtuosos, entonces las lluvias llegarán en tal día». Si las lluvias llegan, está bien; si las lluvias no llegan, entonces «todos no son virtuosos; hay alguien que es un pecador».



Incluso en este siglo, una persona como Mahatma Gandhi podía decir, cuando había hambre en Bihar: «Es por el pecado de la gente que vive en Bihar por lo que ha llegado el hambre.» iComo si el mundo entero no estuviera pecando; sólo Bihar! La magia empieza con «si», y ese «si» es magno y grande.



La ciencia nunca empieza con «si», porque la ciencia primero intenta conocer qué es real: qué es la realidad, qué es lo real. Una vez que lo real es conocido, puede ser transformado. Una vez que sabes qué es la electricidad, puede ser cambiada, transformada, usada. Un mago no sabe qué es la electricidad. ¡Sin conocer la electricidad, va a transformarla, está pensando en transformarla! ese tipo de profecías son simplemente falsas: ilusiones.



La moralidad es igual que la magia. Sigue hablando del hombre perfecto, sin saber qué es el hombre, el hombre real. El hombre perfecto sigue siendo un sueño. Lo usa para condenar al hombre real. El hombre nunca lo alcanza.



El tantra es ciencia. El tantra dice que primero sepas qué es la realidad, qué es el hombre, y no crees valores y no crees ideales ahora mismo; primero conoce lo que es. No pienses en el «debería»; piensa sólo en el «es». Y una vez que se conoce el «es», entonces lo cambias. Entonces tienes el secreto.



Por ejemplo, el tantra dice que no trates de ir contra el sexo, porque si vas contra el sexo e intentas crear un estado de brahmacharya, celibato, pureza, es imposible. Es simplemente mágico. Sin saber qué es la energía sexual, sin saber qué constituye el sexo, sin profundizar en su realidad, su secreto, puedes crear un ideal de brahmacharya. ¿Qué harás entonces? Simplemente reprimirás. Y una persona que está reprimiendo el sexo es más sexual que una persona que se está entregando a él, porque mediante la complacencia la energía se libera. Mediante la represión, sigue ahí, entrando en tu sistema continuamente.



Una persona que reprime el sexo empieza a ver sexo por todas partes. Todo se vuelve sexual.



No es que todo sea sexual, sino que ahora él proyecta. iAhora él proyecta! Su propia energía oculta, ahora es proyectada. A cualquier parte que mire verá sexo, y como está condenándose a sí mismo, empezará a condenar a todo el mundo. No puedes encontrar un moralista que no esté condenando violentamente. Está condenando a todo el mundo; le parece que todo el mundo está en el error. Entonces se siente bien, su ego está satisfecho. ¿Por qué está todo el mundo en el error? Porque ve en todas partes lo mismo que él está reprimiendo. Su propia mente se volverá cada vez más sexual, y cada vez tendrá más miedo. Este brahmacharya es una perversión, es antinatural.



Al seguidor del tantra le sucede una cualidad diferente, un tipo diferente de brahmacharya, pero el proceso es totalmente, diametralmente opuesto. El tantra primero te enseña a entrar en el sexo, a co­nocerlo, a sentirlo, a llegar a la posibilidad más profunda que hay oculta en él, al clímax, a descubrir la belleza esencial, la felicidad y la dicha esenciales que están ocultas en él.



Una vez que conoces el secreto, puedes trascenderlo, porque, en realidad, en un profundo orgasmo sexual no es el sexo lo que te da dicha, sino otra cosa. El sexo es sólo una situación. Otra cosa te está dando la euforia, el éxtasis. Esa otra cosa puede ser dividida en tres elementos. Pero cuando hablo de estos elementos, no pienses que puedes comprenderlos simplemente con mis palabras. Deben volverse parte de tu experiencia. Como conceptos, son inútiles.



Debido a estos tres elementos, llegas a un momento de dicha en el sexo. Estos tres son, en primer lugar, la intemporalidad: transciendes completamente el tiempo. No hay tiempo. Te olvidas completamente del tiempo; el tiempo cesa para ti. No es que el tiempo cese, sino que cesa para ti; no estás en él. No hay pasado, no hay futuro. En este mismo momento, aquí y ahora, está concentrada toda la existencia. Este momento se vuelve el único momento real. Si puedes hacer que este momento sea el único momento real sin el sexo, entonces no hay necesidad de sexo. Sucede por medio de la meditación.



En segundo lugar, en el sexo por primera vez pierdes tu ego, te quedas sin ego. De modo que todos los que son muy egotistas, siempre están en contra del sexo, porque en el sexo tienen que perder sus egos. Ya no estás, ni tampoco el otro. Tú y tu amado se pierden en otra cosa. Surge una nueva realidad, surge una nueva unidad en la que los dos que había se han perdido, perdido completamente. El ego tiene miedo. Ya no estás. Si puedes llegar a un momento sin sexo en que ya no estés, entonces no hay necesidad de sexo.



Y en tercer lugar, en el sexo eres natural por primera vez. Lo irreal se pierde, los rostros, las fachadas se pierden; la sociedad, la cultura, la civilización, se pierde. Formas parte de la naturaleza. Igual que los árboles, igual que los animales, igual que las estrellas, formas parte de la naturaleza. Estás en algo mayor: el cosmos, el Tao. Estás flotando en él. Ni siquiera puedes nadar en él; tu no existes. Simplemente estás flotando: eres llevado por la corriente.



Estas tres cosas te proporcionan el éxtasis. El sexo es sólo una situación en la que sucede natu­ralmente. Una vez que conoces y una vez que puedes sentir estos elementos, puedes crear estos elementos independientemente del sexo. Toda meditación es esencialmente la experiencia del sexo sin sexo, pero tienes que pasar por él. Debe llegar a formar parte de tu experiencia; no ser tan sólo conceptos, ideas, pensamientos.



El tantra no es para el sexo; el tantra es para trascender. Pero sólo puedes trascender por medio de la experiencia -experiencia existencial-, no por medio de la ideología. Sólo mediante el tantra sucede el brahmacharya. Esto parece paradójico, pero no lo es. Sólo por medio del conocimiento sucede la trascendencia. La ignorancia no puede ayudarte a alcanzar la trascendencia; sólo te puede ayudar a llegar a la hipocresía. - Osho - (Continúa mañana...)

jueves, 21 de abril de 2011

Osho habla sobre la sexualidad




Me encuentro generalmente atraída hacia las mujeres y en muy pocas ocasiones profundamente hacia un hombre. Esto me incomoda un poco.



El sexo ha sido llamado el pecado original. Ni es original ni es pecado. Incluso antes de que Adán y Eva comieran la fruta del árbol del conocimiento ya estaban teniendo sexo, y todos los otros animales en el Jardín del Edén estaban teniendo sexo. Lo único que se produjo después de comer de la fruta del conocimiento fue la consciencia: se dieron cuenta de ello. Y al darse cuenta de ello se sintieron avergonzados.
¿Por qué se sintieron avergonzados? ¿De dónde vino esta vergüenza? Se sintieron avergonzados porque vieron que se estaban comportando igual que otros animales. ¿Pero qué hay de malo en comportarse igual que otros animales? El hombre es también un animal. Pero el ego entró: la fruta del conocimiento creó el ego. Creó la superioridad, la idea de la superioridad: “Somos seres humanos superiores. Estos tontos animales, si hacen ciertas cosas pueden ser perdonados. Pero nosotros no podemos ser perdonados; esto está por debajo de nuestra dignidad".
El sexo es una actividad tan fundamental en la naturaleza que el ego del hombre empezó a intentar librarse de él.
Ésta es la primera cosa que me gustaría que recordaras: el sexo es natural. No hay necesidad de hacer ningún esfuerzo para librarse de él… aunque sé que llega un momento en que lo trasciendes, eso es algo totalmente diferente. No es por tu esfuerzo que te puedes librar de él; si intentas librarte de él vas a ser víctima de las perversiones. Debido a que, por siglos el hombre ha estado intentando librarse del sexo, ha creado muchas clases de perversiones. La homosexualidad ha surgido porque hemos privado a la gente de la heterosexualidad. La homosexualidad nació como fenómeno religioso en los monasterios porque forzamos a los monjes a vivir juntos en un lugar y a las monjas a vivir en un lugar, y los separamos con grandes muros.
La homosexualidad está destinada a suceder. Sucede solamente en monasterios y en el ejército, porque estos son los dos lugares en donde no permitimos que los hombres y las mujeres se mezclen. O sucede en los albergues de muchachos y muchachas; allí tampoco les permitimos que se mezclen. Todo el fenómeno de la homosexualidad es un subproducto de toda esta educación estúpida. La homosexualidad desaparecerá del mundo el día que permitamos que los hombres y las mujeres se encuentren de manera natural.
Desde su misma niñez empezamos a separarlos. Si un niño está jugando con niñas lo condenamos. Decimos, “¿Qué estás haciendo? ¿Eres un mariquita? Eres un niño, ¡eres un hombre! Sé un hombre, ¡no juegues con niñas!”. Si un niño está jugando con muñecas lo condenamos inmediatamente: “Esto es para niñas”.
Si una niña está intentando trepar a un árbol la detenemos inmediatamente: “Esto no está bien; esto va contra la gracia femenina". Si una niña lo intenta y persiste y es rebelde le llaman marimacho; no es respetada. Empezamos crear estas feas divisiones. Las niñas gozan trepándose a los árboles; es una experiencia muy hermosa. ¿Y qué hay de malo en jugar con muñecas? Un niño puede llevar muñecas, porque en la vida tendrá que conocer muñecas ¡y entonces estará perdido sin saber qué hacer!
Todo este fenómeno no tiene nada que ver contigo personalmente. Es una enfermedad social esparcida por todo el mundo.

Dos caballeros ingleses de la vieja escuela estaban discutiendo sobre viejos conocidos una tarde en su club de Londres. “¿Qué fue del viejo Cholmondeley?", preguntó uno.
“¿Por qué, no escuchaste? ¡Cholmondeley fue a África de cacería, y, por Júpiter, el tipo hizo suyo a un mono!”.
“¿Un mono? ¿El viejo es maricón?”.
“¡Cielos, no! Era una hembra”.

Si es una hembra, aún cuando sea un mono, está perfectamente bien.
Creamos estos condicionamientos tan profundamente que debido a tanto condicionamiento la gente empieza a veces a rebelarse contra ellos. El sexo debería tomarse muy naturalmente; lo hemos estado tomando muy seriamente. O lo condenamos como feo, animal, o lo elevamos a algo divino, pero nunca lo aceptamos como humano y nunca lo aceptamos como diversión. Básicamente es diversión, ¡es un buen deporte! Y la humanidad va a permanecer agobiada con este feo absurdo si no aceptamos su belleza como deporte. También es una buena actividad física, y el mejor de los ejercicios.
Si lo tomas sin seriedad, entonces no hay necesidad de preocuparse incluso si te atraen las mujeres. No te preocupes, porque tu preocupación no va a ayudar. Está perfectamente bien. En un mundo realmente libre que no esté condicionado por el pasado primitivo, ignorante, en un mundo realmente iluminado, nosotros aceptaremos todas estas cosas. Sí, tú puedes amar de vez en cuando a una mujer o a un hombre. No hay nada malo en ello, porque en tu interior están ambos.
Cada hombre es ambos, un hombre y una mujer, y cada mujer es ambos, una mujer y un hombre, porque tú naces de la unión de un hombre y una mujer. Así que la mitad de ti viene de tu padre y la mitad de ti viene de tu madre; parte de ti es hombre y parte de ti es mujer.
No hay mucho de que preocuparse. Puede ser que tu parte hombre se sienta atraída hacia otras mujeres, pero como biológicamente eres una mujer te sientes asustada. ¡No hay necesidad de estar asustado! Toma las cosas tranquilamente; ése es mi enfoque básico. Tómalo con tranquilidad. Y al tomar las cosas con tranquilidad uno puede trascenderlas más comfortablemente, convenientemente, rápidamente, que tomando las cosas con seriedad. Si las tomas seriamente te enredas con ellas, te sientes agobiado por ellas. Y éste no es un problema tan grande. Hay problemas mayores.

Al famoso naviero griego, Ori Oristotle, le estaban construyendo una casa en un gran terreno en Grecia. Él dijo al arquitecto, “No toque ese árbol que está allá, porque exactamente debajo de ese árbol es donde tuve mi primer amor".
“Qué sentimental, Sr. Oristotle", dijo el arquitecto, “¿Justo bajo ese árbol?”.
“Sí”, continuó Ori Oristotle. “Y no toque ese árbol allá tampoco, porque es ahí donde su madre estaba parada observando mientras yo estaba teniendo mi primera aventura amorosa".
“¿Su madre sólo estaba allí parada mientras usted estaba follando a su hija?”, preguntó el arquitecto.
“Sí,” dijo el naviero griego.
“Pero, Sr. Oristotle, ¿qué dijo su madre?”.
“Baaa".

Hay problemas mayores; tu problema no es nada. Por lo menos a ti te atraen otras mujeres… por lo menos otros seres humanos. Está perfectamente bien. Un poco extravagante, pero no demasiado serio. Ese tipo de cosas han estado sucediendo siempre. Ahora la gente se ha vuelto más valiente y hace preguntas; particularmente en Occidente la gente se ha vuelto más honesta. Actualmente ningún indio haría tal pregunta. No que ese tipo de cosas no estén sucediendo en la India; están sucediendo pero ningún indio tendrá el valor suficiente para hacer tal pregunta. Esas cosas están sucediendo siempre por todas partes. Es parte de la escena humana. Así que no hagas mucho alboroto al respecto, y no te inquietes.



Hay gente tan lerda, tan muerta, tan insensible, que sólo se siente atraída hacia el dinero, o el poder político, o la fama. Tú estás en una situación mucho mejor; por lo menos no estás enamorada del dinero. Incluso Ori Oristotle estaba en una situación mucho mejor que la gente que está enamorada del dinero. Pero no se piensa que esta gente esté pervertida. Ellos son los verdaderos pervertidos: el dinero es su vida entera, su devoción; el dinero es su dios.
Te atraen las mujeres: está perfectamente bien. Entra profundamente en relación con las mujeres. Si conviertes esto en una ansiedad no podrás entrar profundamente en relación con una mujer. Si entras profundamente en relación con las mujeres, mi comprensión es que tarde o temprano encontrarás que esta relación no puede ser muy satisfactoria, porque dos mujeres son parecidas. Y una relación necesita cierta tensión para ser satisfactoria, una cierta polaridad para ser satisfactoria. Dos mujeres enamoradas, o dos hombres enamorados, tendrán una buena relación, pero no será muy picante. Será una poco lerda, monótona, algo aburrida.
Pero si profundizas, sólo entonces te darás cuenta de estas cosas. Tu ansiedad no te permitirá profundizar, y entonces toda tu vida permanecerás interesada y atraída hacia las mujeres.
Mi enfoque sobre todos los problemas es que si hay algo ahí, entra profundamente en ello, ya sea para que encuentres el tesoro, si tiene algún tesoro, o encuentres que está vacío. En ambos casos te enriqueces. Si encuentras el tesoro, por supuesto te enriqueces. Si encuentras que está vacío, acabas con él.
Dos mujeres en relación no pueden tener una gran aventura amorosa. Permanecerá en tierra llana; no tendrá alturas y no tendrá profundidades. Así que la gente que tiene miedo a las alturas y a las profundidades lo encontrará muy cómodo, conveniente. Es por eso que a los homosexuales se les llama “gay” (alegre). Parecen alegres; parecen mucho más alegres que los heterosexuales.
Los heterosexuales están entrando siempre en confusión: más conflicto, más lucha, menos comprensión. Tiene que ser así, porque dos mujeres pueden entenderse mucho mejor que un hombre y una mujer. Dos hombres pueden entenderse mucho mejor porque ellos son del mismo tipo, pero la chispa estará faltando. Sí, habrá cierta alegría , pero no una gran poesía, ni un gran romance: algo leve. La relación será homeopática. No tendrá aventura, sorpresas: estará a salvo, segura, con más comprensión, menos conflicto, menos quejas.
Con un hombre y una mujer hay problemas… problemas de malentendidos. Viven en mundos totalmente diferentes; son dos polos diferentes de consciencia. La mujer piensa intuitivamente, el hombre piensa intelectualmente, por lo tanto no hay encuentro.
Ve tan profundamente como sea posible en tus relaciones con las mujeres; no te preocupes. Pronto verás que hay una clase diferente de relación que puede existir solamente entre los polos opuestos. Entonces entra en relación profunda con un hombre, porque sólo entrando profundamente en relación con un hombre podrás saber que todas las relaciones se quedan cortas. Aún la relación hombre/mujer se queda corta; nunca te trae la alegría que promete.
Sólo a través de tu propia experiencia, no por lo que Buda dice, no por lo que digo yo… solamente a través de tu propia experiencia podrás un día ir más allá de todas las relaciones. Entonces puedes ser feliz estando solo. Y la persona que puede ser feliz estando sola es realmente un individuo. Si tu felicidad depende del otro, eres un esclavo; todavía no eres libre, estás esclavizado.
Cuando eres feliz estando solo, cuando puedes vivir contigo, no hay una necesidad intrínseca de estar en relación. Eso no quiere decir que no te relacionarás. Pero relacionarse es una cosa, y estar en relación es absolutamente otra. La relación es una clase de esclavitud, relacionarse es compartir. Tú te relacionarás con mucha gente, compartirás tu alegría con mucha gente, pero no dependerás de ninguna persona en particular y no permitirás que nadie dependa de ti. No serás dependiente, y no permitirás que nadie dependa de ti. Entonces vives en libertad, en alegría, en amor.
Disfrútalo, es bueno… no lo suficiente pero aún así bueno. Te conducirá a una relación heterosexual; eso es un poco mejor. Incluso eso no va a satisfacer. Entonces eso te conducirá a la meditación, a estar sola, a esa belleza, esa bendición, que sucede solamente cuando estás solo.

Osho habla sobre los cuentos sufis




"Las historias sufis no son sólo historias. No te van a entretener. No te van a dar sólo una ocupacion. Ellos estan enseñando caminos. Estan indicando algo, estan enseñando algo, ensalzan algo. Son apuntadores, son flechas a traves de lo desconocido, dedos apuntando a la luna. Y recuerda este dicho de los Sufis: No muerdas mi dedo, mira donde estoy apuntando." - OSHO

martes, 19 de abril de 2011

Osho habla sobre la felicidad

Primer Capítulo

QUÉ ES LA FELICIDAD?

La felicidad no tiene nada que ver con el triunfo; la felicidad no tiene nada que ver con la ambición; la felicidad no tiene nada que ver con el dinero, ni el poder ni el prestigio. La felicidad está relacionada con tu consciencia, no con tu carácter.

Depende de ti

¿QUÉ ES LA FELICIDAD? Depende de ti, de tu estado de consciencia o inconsciencia, de si estás dormido o despierto. Murphy tiene una famosa frase. Dice que existen dos tipos de personas: las que siempre dividen a la humanidad en dos tipos y las que no dividen en absoluto a la humanidad. Yo formo parte del primer tipo: la humanidad puede dividirse en dos tipos, los que duermen y los que están despiertos y, por supuesto, un pequeño grupo entre medias.

La felicidad dependerá de dónde estés en tu consciencia. Si estás dormido, el placer es la felicidad. El placer significa la sensación, intentar alcanzar por mediación del cuerpo algo que no se puede alcanzar por mediación del cuerpo, obligar al cuerpo a alcanzar algo de lo que no es capaz. Las personas intentan, por todos los medios posibles, alcanzar la felicidad por mediación del cuerpo.

El cuerpo solo puede proporcionar placeres pasajeros, y cada placer se equilibra con el dolor, en el mismo grado, en la misma medida. A cada placer le sigue lo opuesto, porque el cuerpo existe en el mundo de la dualidad, igual que la noche sigue al día y la vida sigue a la muerte y la muerte sigue a la vida, en un círculo vicioso. Al placer lo seguirá el dolor, y al dolor lo seguirá el placer.

Pero nunca estarás tranquilo. Cuando te encuentres en un estado de placer tendrás miedo de perderlo, y ese miedo lo emponzoñará. Y, naturalmente, cuando estés perdido en medio del dolor, sufrirás y harás todos los esfuerzos posibles para salir de él, y volverás a caer en lo mismo.

Buda lo llama la rueda del nacimiento y de la muerte. Nosotros nos movemos con esa rueda, aferrados a ella... y la rue-da continúa moviéndose. A veces se presenta el placer y otras veces se presenta el dolor, pero estamos aplastados entre esas dos rocas.

Pero la persona adormilada no conoce nada más. Solo conoce unas cuantas sensaciones del cuerpo: la comida, el sexo... Ese es su mundo. Si reprime el sexo se hace adicta a la comida; si reprime la comida se hace adicta al sexo. La energía se mueve como un péndulo. Y lo que se llama placer es, como mucho, simple alivio de un estado de tensión.

La energía sexual se recoge, se acumula; te pones tenso y deseas relajar esa tensión. Para quien está dormido, el sexo no es sino un alivio, como un buen estornudo. No produce más que cierto alivio: había tensión, y ha desaparecido. Pero vol-verá a acumularse. La comida solo te proporciona cierto gusto en la lengua; no es mucho por lo que vivir. Pero muchas personas viven únicamente para comer; pocas personas comen para vivir.

La historia de Colón es muy conocida. Fue un largo viaje. No vieron sino agua durante tres meses. Un día, Colón miró al horizonte y vio árboles. Si pensáis en lo contento que se puso al ver árboles, imaginaos cómo se puso su perro.

Ese es el mundo del placer. Al perro se le puede perdonar, pero a ti no.

En su primera cita, un chico, pensando en alguna forma de divertirse, le preguntó a la chica si quería ir a jugar a los bolos. Ella contestó que no le gustaban los bolos. Después el chico propuso que fueran a ver una película, pero ella contestó que no le gustaba el cine. Mientras intentaba pensar en otra cosa le ofreció un cigarrillo, que la chica rechazó. Después le preguntó si quería ir a bailar y tomar copas a la nueva discoteca. Ella volvió a rechazar la propuesta, diciendo que no le gustaban esas cosas.

Desesperado, le preguntó si quería ir a su apartamento a pasar la noche haciendo el amor. Para su sorpresa, la chica accedió de buena gana, lo besó apasionadamente y dijo: «¿Lo ves? No hacen falta esas cosas para divertirse».

Lo que llamamos «felicidad» depende de la persona. Para la persona dormida, las sensaciones placenteras son la felicidad. La persona dormida vive cambiando de un placer a otro. Se precipita de una sensación a otra. Vive para las pequeñas emociones; lleva una vida muy superficial. No tiene profundidad, no tiene calidad. Vive en el mundo de la cantidad.

También hay personas que están entre medias, ni dormidas ni despiertas, que viven en un limbo, un poquito dormidas y un poquito despiertas. A veces se puede tener esa experiencia a primera hora de la mañana: todavía adormilado, pero sin que puedas decir que estás dormido porque oyes los ruidos de la casa, a tu pareja preparando el café, el ruido de la cafetera o de los niños preparándose para el colegio. Oyes todo eso, pero aún no estás despierto. Esos ruidos te llegan vagamente, débiles, como si hubiera una gran distancia entre tú y lo que ocurre a tu alrededor. Tienes la sensación de que forma parte de un sueño. No forma parte de un sueño, pero tú te encuentras en un estado intermedio.

Lo mismo ocurre cuando empiezas a meditar. Quien no medita duerme, sueña; quien medita empieza a alejarse del sueño y a dirigirse al despertar, en un estado transitorio. Entonces la felicidad tiene un sentido completamente distinto: tiene más de calidad y menos de cantidad; es algo más psicológico, menos fisiológico. Quien medita disfruta más de la música, disfruta más de la poesía, disfruta creando algo. Esas personas disfrutan de la naturaleza, de su belleza. Disfrutan del silencio, disfrutan de lo que nunca habían disfrutado antes, y eso es mucho más duradero. Incluso si se para la música, algo persiste.

Y no es un alivio. La diferencia entre el placer y esta clase de felicidad consiste en que no es un alivio, sino un enriquecimiento. Te sientes más pleno, empiezas a desbordarte. Al escuchar buena música, algo estalla en tu ser, surge una armonía en ti: te haces música. O, al bailar, de pronto te olvidas de tu cuerpo; tu cuerpo es ingrávido. La gravedad pierde su poder sobre ti. De repente te encuentras en otro espacio: el ego no es tan sólido, el bailarín se funde y se fusiona con la danza.

Esto es mucho más elevado, mucho más profundo que el placer que se obtiene de la comida o del sexo. Esto es algo profundo, pero no lo supremo. Lo supremo solo ocurre cuando estás plenamente despierto, cuando eres un Buda, cuando ha desaparecido todo el sueño, cuando todo tu ser está lleno de luz, cuando no hay oscuridad en tu interior. Toda la oscuridad ha desaparecido y, junto con la oscuridad, el ego. Han desaparecido todas las tensiones, las angustias, las ansias. Te encuentras en un estado de absoluta satisfacción. Vives en el presente; se acabaron el pasado y el futuro. Estás por completo aquí. Este momento lo es todo. Ahora es el único tiempo y aquí es el único espacio. Y de repente el cielo desciende sobre ti. Eso es la dicha. Eso es la verdadera felicidad.

Busca la dicha; es tu derecho inalienable. No sigas perdido en la jungla de los placeres; elévate un poco. Ve en busca de la felicidad y después de la dicha. El placer es animal; la felicidad es humana; la dicha, divina. El placer te ata, es una esclavitud, te encadena. La felicidad te afloja un poco la cuerda, te da un poco de libertad, pero solo un poco. La dicha es la libertad absoluta.

Empiezas a avanzar hacia arriba; te da alas. Dejas de formar parte de la grosera tierra; pasas a formar parte del cielo. Te conviertes en luz, en alegría.

El placer depende de los demás. La felicidad no depende de otros, pero de todos modos es algo distinto de ti. La dicha no depende de nada, ni es nada distinto de ti; es tu ser mismo, es tu naturaleza misma.
Buda Gautama dice: «Existe el placer y existe la dicha. Renuncia a lo primero para poseer lo segundo».

Medita sobre esto lo más profundamente posible, porque contiene una de las verdades más fundamentales. Hay que comprender estas cuatro palabras, reflexionar sobre ellas. La primera es placer, la segunda, felicidad, la tercera, alegría, y la cuarta es dicha.

El placer es algo físico, fisiológico. El placer es lo superficial de la vida, la excitación. Puede ser sexual o de otros sentidos; puede convertirse en obsesión con la comida, pero está arraigado en el cuerpo. El cuerpo es tu periferia, tu circunferencia, no tu centro. Y vivir en la circunferencia significa vivir a merced de toda clase de cosas que suceden a tu alrededor. Quien busque el placer quedará a merced de la casualidad. Ocurre como con las olas del mar: están a merced de los vientos. Cuando soplan vientos fuertes, aparecen las olas; cuando desaparecen los vientos, desaparecen las olas. No tienen una existencia independiente, son dependientes, y todo lo que depende de algo exterior supone esclavitud.

El placer depende del otro. Si amas a una mujer, si ese es tu placer, esa mujer se convierte en tu dueña. Si amas a un hombre, si ese es tu placer y te sientes desgraciada y desesperada sin él, has creado tu propia esclavitud. Has creado una prisión; ya no eres libre. Si vas en pos del dinero y del poder, dependerás del dinero y del poder. Quien se dedica a acumular dinero, si su placer consiste en tener cada día más dinero, será cada día desgraciado, porque cuanto más tiene, más quiere, y cuanto más tiene, más miedo tiene de perderlo.

Es una espada de doble filo: querer más es el primer filo de la espada. Cuanto más exiges, cuanto más deseas, cuanto más sientes que te falta algo, más vacío y hueco te sientes. Y el otro filo de la espada es que cuanto más tienes, más temes que te lo quiten. Te lo pueden robar. El banco puede ir a la bancarrota, puede cambiar la situación política del país, hacerse comunista... Hay mil cosas de las que depende tu dinero. Tu dinero no te hace amo, sino esclavo.

El placer es algo periférico; por consiguiente, te hará depender de las circunstancias externas. Y es simple excitación. Si la comida es un placer, ¿de qué se disfruta realmente? Solo del gusto... y eso unos momentos, cuando la comida llega a las papilas gustativas y notas una sensación que interpretas como placer. Es una interpretación tuya. Hoy puede parecerte un placer y mañana no. Si sigues comiendo la misma cantidad todos los días, las papilas gustativas dejarán de responder a la comida, y dentro de poco estarás harto.

Así es como nos hartamos de las cosas: un día corres tras un hombre o una mujer y al día siguiente intentas encontrar excusas para librarte de esa persona. Es la misma persona; nada ha cambiado. ¿Qué ha pasado entretanto? Te has aburrido del otro, porque el placer consistía en explorar lo nuevo. Resulta que el otro ya no es nuevo; ya te has familiarizado con su territorio. Te has familiarizado con el cuerpo del otro, con las curvas de su cuerpo, con la sensación que te produce su cuerpo.

Y la mente ansía algo nuevo.

La mente siempre ansía algo nuevo. Así es como la mente te mantiene siempre atado a algo futuro. Te mantiene en un es-tado de espera, pero nunca te lleva los productos, porque no puede. Solo puede crear nuevas esperanzas, nuevos deseos.

Las hojas crecen en los árboles del mismo modo que los deseos y las esperanzas crecen en la mente. Querías una casa nueva y ya la tienes; ¿dónde está el placer? La disfrutaste unos momentos, cuando conseguiste tu objetivo. Una vez conseguido a la mente deja de interesarle y ya ha empezado a tender nuevas telarañas de deseo. Ya ha empezado a pensar en otras casas, más grandes. Y eso es lo que pasa con todo.

El placer te crea un estado de deseo permanente, de inquietud, una agitación continua. Hay múltiples deseos, todos y cada uno de ellos insaciables, que reclaman toda tu atención. Te conviertes en víctima de una multitud de deseos enloquecedores —enloquecedores porque no se pueden cumplir—, que te llevan de acá para allá.

Tú mismo te conviertes en una contradicción. Un deseo te lleva hacia la izquierda, otro hacia la derecha, y alimentas ambos deseos al mismo tiempo. Y entonces te sientes dividido, escindido, desgarrado. Te sientes hecho pedazos. Nadie sino tú es responsable; es la estupidez del deseo de placer lo que crea esta situación.

Y es un fenómeno complejo. No eres tú el único que busca el placer; millones de personas buscan los mismos placeres. Por eso existe una gran lucha, la competición, la violencia, la guerra. Todos son enemigos entre sí, porque todos tienen el mismo objetivo y no todos pueden conseguirlo. De ahí que la lucha sea tremenda, porque hay que arriesgarlo todo, y por nada, ya que, cuando ganas, no ganas nada. Malgastas tu vida entera en esa lucha. Una vida que podría haber sido una fiesta se convierte en una lucha prolongada, inútil.

Cuando vas buscando el placer no puedes amar, porque la persona que va buscando el placer utiliza al otro como medio. Y utilizar al otro como medio es una de las acciones más inmorales, porque cada ser es un fin en sí mismo, y no un medio. Pero cuando buscas el placer tienes que utilizar al otro como medio. Te haces astuto, porque la lucha es tremenda. Si no eres astuto te engañarán, y antes de que los demás te engañen, tú tienes que engañarlos a ellos.

Ya advertía Maquiavelo a los buscadores del placer que la mejor forma de defensa es el ataque. No hay que esperar a que el otro ataque; podría ser demasiado tarde. Antes de eso, atácalo tú. Esa es la mejor forma de defensa. Y es un consejo que se sigue, tanto si se conoce a Maquiavelo como si no.

Es muy extraño. La gente conoce a Jesucristo, a Buda, a Mahoma, a Krisna, pero nadie los sigue.

La gente no sabe gran cosa de Maquiavelo, pero a él sí lo siguen, como si tuviera mucha importancia para ellos. No hace falta que lo leáis; simplemente lo seguís. Vuestra sociedad está basada en los principios maquiavélicos; en eso consiste el juego político. Antes de que alguien te quite algo, quítaselo tú. Tienes que estar siempre en guardia. Naturalmente, si estás siempre en guardia, te sentirás tenso, angustiado, preocupado. Todo el mundo está en tu contra y tú estás en contra de todo el mundo.

De modo que el placer no es ni puede ser la meta de la vida.

La segunda palabra que hay que comprender es la felicidad. El placer es algo fisiológico; la felicidad es algo psicológico. La felicidad es un poco mejor, algo un poco más refinado, un poco más elevado... pero no muy distinto del placer. Podría decirse que el placer es una clase más baja de felicidad y que la felicidad es una clase más elevada de placer: las dos caras de la misma moneda. El placer es un poco primitivo, animal; la felicidad es un poco más refinada, un poco más humana, pero es el mismo juego que se juega en el mundo de la mente. No te preocupas tanto de las sensaciones fisiológicas como de las sensaciones psicológicas, pero no existe diferencia en lo fundamental.

La tercera es la alegría: la alegría es algo espiritual. Es algo distinto, completamente distinto del placer y de la felicidad. No tiene nada que ver con lo externo, con el otro; es un fenómeno interno. La alegría no depende de las circunstancias; es algo tuyo. No es una excitación producida por las cosas; se trata de un estado de paz, de silencio, un estado meditativo. Es espiritual.

Pero Buda tampoco habla de la alegría, porque existe otra cosa que va más allá de la alegría. Él lo llama dicha. La dicha es algo absoluto. No es algo fisiológico, ni psicológico ni espiritual. No sabe de divisiones; es indivisible. Es absoluta en un sentido y trascendente en otro. Buda solo emplea dos palabras en esta frase. La primera es el placer, que incluye la felicidad. La segunda es la dicha, que incluye la alegría.

La dicha significa alcanzar el núcleo más profundo de tu ser. Se encuentra en las profundidades últimas de tu ser, donde ni siquiera el ego existe, donde reina el silencio: tú has desaparecido. En la alegría existes un poco, pero en la dicha dejas de existir. Se ha disuelto el ego; es un estado de no ser.

Buda lo llama nirvana. El nirvana significa dejar de ser, ser un vacío infinito como el cielo. Y en el momento en que eres el infinito, te inundas de estrellas e inicias una vida completamente nueva. Renaces.

El placer es algo momentáneo, algo que pertenece a la esfera del tiempo, es algo «de momento». La dicha es intemporal, atemporal. El placer comienza y termina; la dicha ni va ni viene: está ya en el núcleo más profundo de tu ser. El placer hay que arrancárselo a otro: o eres mendigo o eres ladrón. La dicha te hace el amo.

La dicha no es algo que te inventas, sino algo que descubres. La dicha es tu naturaleza más íntima. Estaba allí desde el principio, pero tú no te habías fijado. No te has dado cuenta porque no miras hacia dentro.

Esa es la única desgracia del ser humano, que solo mira hacia fuera, siempre en busca y en pos de algo. Y no se puede encontrar en el exterior porque no está allí.

Una tarde, Rabiya —una famosa mística sufí— estaba buscando algo en la calle, junto a su pequeña choza. Se estaba poniendo el sol y la oscuridad descendía poco a poco. La gente fue congregándose, y le preguntaron:

—¿Qué haces? ¿Qué se te ha perdido? ¿Qué estás buscando?

Ella contestó:

—Se me ha perdido la aguja.

La gente dijo:

—Se está poniendo el sol y va a resultar muy difícil encontrar la aguja, pero vamos a ayudarte. ¿Dónde se te ha caído exactamente? Porque la calle es grande y la aguja pequeña. Si sabemos exactamente dónde se ha caído resultará más fácil encontrarla.

Rabiya contestó:

—Más vale que no me preguntéis eso, porque en realidad no se ha caído en la calle, sino en mi casa.

La gente se echó a reír y dijo:

—¡Ya sabíamos que estabas un poco loca! Si la aguja se ha caído en tu casa, ¿por qué la estamos buscando en la calle?

Rabiya replicó:

—Por una razón tan sencilla como lógica: en la casa no hay luz y en la calle aún queda un poco de luz.

La gente volvió a reírse y se dispersaron. Rabiya los llamó y dijo:

—¡Escuchadme! Eso es lo que hacéis vosotros. Yo me limitaba a seguir vuestro ejemplo. Os empeñáis en buscar la dicha en el mundo exterior sin plantear la pregunta fundamental: «¿Dónde la has perdido?». Y yo os digo que la habéis perdido dentro. La buscáis fuera por la sencilla y lógica razón de que vuestros sentidos están abiertos hacia el exterior: hay un poco más de luz. Vuestros ojos miran hacia fuera, vuestros oídos escuchan hacia fuera, vuestras manos se tienden hacia fuera; por eso estáis buscando fuera. Por lo demás os aseguro que no la habéis perdido ahí, y lo digo por experiencia propia. Yo también he buscado fuera durante muchas, muchas vidas, y el día que miré dentro me llevé una sorpresa. No hacía falta buscar y registrar; siempre había estado dentro.

La dicha es tu núcleo más íntimo. El placer se lo tienes que pedir a otros, y naturalmente te haces dependiente. La dicha te hace el amo. La dicha no es algo que te ocurre; ya está ahí.

Buda dice: «Existe el placer y existe la dicha. Renuncia a lo primero para poseer lo segundo». Deja de mirar hacia fuera. Mira hacia dentro, vuélvete hacia tu interior. Empieza a buscar y registrar en tu interior, en tu subjetividad. La dicha no es un objeto que se pueda encontrar en ninguna otra parte; es tu consciencia.

En Oriente siempre hemos definido la verdad suprema como Sat-Chit-Anand. Sat significa ‘verdad’, chit significa ‘consciencia’, y anand, ‘dicha’. Son tres aspectos de la misma realidad. Es la auténtica Trinidad, no Dios Padre, Dios Hijo, Jesucristo, y el Espíritu Santo; esa no es la verdadera Trinidad. La verdadera Trinidad es la verdad, la consciencia y la dicha. Y no son fenómenos distintos, sino una sola energía que se expresa de tres maneras, una energía con tres aspectos. De ahí que en Oriente digamos que Dios es trimurti, que tiene tres rostros. Esos son los verdaderos rostros, no Brama, Visnú y Mahesh, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; esos nombres son para principiantes.

Verdad, consciencia, dicha: esas son las verdades absolutas. En primer lugar llega la verdad. En cuanto entras en ella, tomas conciencia de tu realidad eterna: el sat, la verdad. Al profundizar en tu realidad, en tu verdad, te darás cuenta de la consciencia, de una increíble consciencia. Todo es luz, nada es oscuridad. Todo es consciencia, nada inconsciencia. Eres simplemente una llama de la consciencia, sin siquiera una sombra de inconsciencia por ninguna parte. Y cuando profundizas aún más, el núcleo definitivo es la dicha, anand.

Buda dice: «Renuncia a todo lo que hasta ahora has considerado importante, significativo». Sacrifícalo todo para ese absoluto porque es lo único que te satisfará, que te llenará, que llevará la primavera a tu ser... y estallarás en miles de flores.

El placer te hará ir a la deriva. El placer te hará más astuto, pero no te proporcionará sabiduría. Te hará cada día más esclavo; no te proporcionará el reino de tu ser. Te hará cada día más calculador, te hará una persona más aprovechada. Te hará cada día más político, más diplomático. Empezarás a utilizar a las personas como medios. Eso es lo que hace la gente.
El marido le dice a la esposa: «Te quiero», pero en realidad simplemente la está utilizando. La esposa dice que quiere al marido, pero simplemente lo está utilizando. El marido puede estar utilizándola como objeto sexual y la esposa utilizándolo como seguridad económica. El placer hace a todos astutos, taimados. Y ser astuto supone perderse la dicha de ser inocente, perderse la dicha de ser niño.

En Lockheed necesitaban una pieza para un avión nuevo y enviaron un comunicado a todo el mundo para ver quién presentaba la mejor oferta. De Polonia les llegó una oferta de tres mil dólares. Inglaterra se ofrecía a construir la pieza por seis mil dólares. Israel pedía nueve mil. Richardson, el ingeniero encargado de la construcción del nuevo avión, pensó que lo mejor era ir a cada uno de los países para averiguar el porqué de la disparidad de precios. El fabricante de Polonia le dijo: «Mil para los materiales, mil para la mano de obra, y mil para los gastos indirectos y unos pequeños beneficios».

En Inglaterra, Richardson revisó la pieza y descubrió que era casi tan buena como la fabricada en Polonia. Preguntó: «¿Por qué piden seis mil dólares?». El inglés se lo explicó: «Dos mil para los materiales, otros dos mil para la mano de obra y otros dos mil para los gastos y un pequeño beneficio».

En Israel, el representante de Lockheed tuvo que llegar hasta un callejón en el que había una pequeña tienda, donde vio a un viejecillo, el que había presentado la oferta de nueve mil dólares.
—¿Por qué pide tanto? —le preguntó.

—A ver —dijo el viejo judío—. Tres mil para usted, tres mil para mí y tres mil para los gilipollas de Polonia.

El dinero, el poder, el prestigio: todo eso contribuye a hacerte astuto. Busca el placer y perderás la inocencia, y perder la inocencia significa perderlo todo. Esto dice Jesucristo: sé como un niño, y solo así entrarás en el Reino de Dios. Y tiene razón. Pero quien anda en busca del placer no puede ser inocente como un niño. Tienes que ser muy listo, muy astuto, con mucha política; solo así puedes vencer en la competición a muerte que hay en todas partes. Todo el mundo está a la greña con todo el mundo, no vives entre amigos. El mundo no puede ser amable a menos que dejemos esa idea de la competitividad.

Pero desde el principio inculcamos al niño el veneno de la competitividad. Cuando acabe la universidad estará totalmente envenenado. Lo hemos hipnotizado con la idea de que tiene que luchar contra los demás, de que la vida es la supervivencia de los más aptos. Así la vida no puede ser una fiesta.

Si eres feliz a costa de la felicidad de otro... Y así es como puedes ser feliz; no hay otra manera. Si conoces a una mujer hermosa y consigues poseerla, se la habrás arrebatado a otro. Intentamos que las cosas parezcan lo más bonitas posible, pero eso es solo en la superficie. Los que han perdido en el juego se enfadarán, se pondrán furiosos. Esperarán una oportunidad para vengarse, y esa oportunidad se les presentará tarde o temprano.

Lo que posees en este mundo lo posees a costa de alguien, a costa del placer de otro. No hay otra manera. Si de verdad no deseas enemistarte con nadie en el mundo, debes abandonar la idea de la posesión. Utiliza lo que tengas a tu lado en el momento, pero no seas posesivo. No intentes reclamar que es tuyo. No hay nada que sea tuyo; todo pertenece a la existencia.

Osho habla sobre las heridas emocionales

Si te estás sintiendo desgraciado, deja que esto sea una meditación. Siéntate en silencio, cierra las puertas. Primero, siente la desgracia con tanta intensidad como sea posible. Siente el dolor. Alguien te ha insultado: Ahora, la mejor manera de esquivar el dolor consiste en ir e insultarle, a fin de poder estar ocupado con esa persona. Eso no es meditación.

Si alguien te ha insultado, agradécele porque te ha dado la oportunidad de sentir una herida profunda. Esa persona ha abierto una herida. La herida puede haber sido creada por muchos, muchos insultos que has padecido en toda tu vida; puede que esa persona no sea la causa de todo el sufrimiento, pero ha disparado un proceso.

Simplemente cierra tu habitación, siéntate en silencio, sin enojo por la persona, pero con total atención al sentimiento que está surgiendo en ti: el sentimiento de dolor porque has sido rechazado, porque se te ha insultado. Y, entonces te quedarás sorprendido pues no sólo esa persona está ahí: todos los hombres y todas la mujeres y toda la gente que alguna vez te ha insultado empezarán a pasar por tu memoria.

Empezarás no solo a recordarlos, empezarás a revivirlos. Entrarás en una especie de primal. Siente el dolor, siente la pena, no la esquives. Por eso es que, en muchas terapias se le pide al paciente que no tome droga alguna antes de que empiece la terapia, por la razón simple de que las drogas son una forma de escapar de tu miseria interior. No te permiten ver las heridas, las reprimen. No te dejan penetrar en tu sufrimiento y, a menos que penetres en tu sufrimiento, no puedes ser liberado de su aprisionamiento.

Es perfectamente científico dejar todas las drogas antes de entrar en la terapia, si es posible incluso drogas como el café, el té, el cigarrillo, porque son todas formas de escapar. ¿Has observado? Cuando te sientes nervioso inmediatamente empiezas a fumar. Es una forma de evitar el nerviosismo; te entretienes fumando. En realidad es una regresión. El cigarrillo te hace sentir otra vez como un niño – despreocupado, irresponsable- porque el cigarrillo no es más que un seno simbólico. El humo caliente te lleva simplemente otra vez a los días en que te alimentabas del pecho materno y la leche tibia iba penetrando: El pezón se ha convertido en un cigarrillo. El cigarrillo es un pezón simbólico. Por medio de la regresión esquivas las responsabilidades y las penas de ser adulto. Y eso es lo que sucede con muchas, muchas drogas.

El hombre moderno está drogado como nunca antes, porque está viviendo en un gran sufrimiento. Sin las drogas sería imposible vivir con tanto sufrimiento. Esas drogas crean una barrera; te mantienen drogado, no te permiten la sensibilidad suficiente para reconocer tu pena. La primera cosa a hacer es cerrar las puertas y detener toda clase de ocupación: mirar la tele, escuchar la radio, leer un libro.

Detén todas las ocupaciones, porque eso también es una droga sutil. Permanece simplemente en silencio, completamente solo. Ni siquiera ores, porque eso nuevamente es una droga, empiezas a entretenerte, empiezas a hablar con Dios, te escapas de ti mismo. Atisha lo dice: simplemente sé tú mismo. No importa el dolor, no importa el sufrimiento producido. Ante todo experiméntalo en su total intensidad. Será difícil, tendrás que entregar el corazón: Puede que empieces a llorar como un niño, puede que te revuelques por el suelo por la profundidad de la pena, tu cuerpo puede tener contorsiones. Puede que te des cuenta súbitamente de que la pena no sólo está en el corazón, sino en todo el cuerpo, de que duele por todas partes, de que es penoso por todas partes, de que todo tu cuerpo no es otra cosa que dolor. Si lo puedes experimentar- esto es de tremenda importancia- entonces empieza a absorberlo.

No lo deseches. Es una energía tan valiosa, no la deseches. Absórbela, bébetela, acéptala, dale la bienvenida, siéntete agradecido. Y, puedes decirte: “Esta vez no voy a esquivarlo, esta vez no voy a rechazarlo, esta vez no voy a desecharlo. Esta vez me lo beberé y lo recibiré como a un huésped. Esta vez lo voy a digerir”. Puede que te lleve unos pocos días el ser capaz de digerirlo, pero el día que esto suceda habrás dado con una puerta que te llevará realmente muy, muy lejos.

Una nueva jornada ha empezado en tu vida, te estás desplazando hacia una nueva clase de ser, porque inmediatamente, en el momento en que aceptas la pena sin ningún rechazo, su energía y su cualidad cambian. Deja de ser una pena. En realidad uno se queda sorprendido, no lo puede creer, es algo tan increíble. Uno no puede creer que el sufrimiento puede ser transformado en éxtasis, que la pena se puede convertir en gozo. Cuando una cosa cualquiera es total, se transforma en su opuesto.

Éste es un gran secreto que debe recordarse. Cuando algo es total se cambia a su opuesto, porque no hay forma de seguir adelante; se ha llegado al cul-de-sac. Observa un viejo reloj de péndulo. Lo hace una y otra vez: el péndulo va hacia la izquierda, a la extrema izquierda, y luego hay un punto que no puede traspasar; entonces empieza a moverse hacia la derecha. Los opuestos son complementarios. Si puedes sufrir tu sufrimiento en su totalidad, con gran intensidad, te quedarás sorprendido… no serás capaz de creértelo cuando sucede la primera vez, que tu propio sufrimiento absorbido voluntariamente, con aceptación, se convierta en una gran bendición. La misma energía que se convierte en odio, se convierte en placer; la misma energía que se convierte en sufrimiento, se convierte en bendición”.

Osho: El Libro de la Sabiduría, capítulo 5

Osho espiritualmente incorrecto

A osho se la ha considerado un maestro espiritualmente incorrecto. Una de las pruebas mas evidentes y mas graciosas es en este video donde utiliza la palabra "FUCK" / "JODER" para relatar la sustitucion de la palabra DIOS por la palabra JODER.




After Friedrich Nietzsche declared that "God is Dead" - the word FUCK has become the most important word in the English language.

Osho used this sketch on the word fuck first in a talk in 1980 and repeated it again in this later talk. We have seen the original of this sketch being attributed to Jack Wagner, George Carlin and Monty Python - no one seems to be sure.


"When Friedrich Nietzsche declared, "God is dead," he himself became utterly helpless no consolation, no hope, no meaning. He had to go through a long process of insanity.

Nietzsche seems to me to be the most important figure that has dominated the world in this century. Without any argument his statement has infiltrated into every mind. But he was not aware of the implications. I have no problem if God is dead. There is no need to mourn his death.

The problem is that if God is dead, then you lose the most important word in your language and you will need a substitute. God was one end, one extreme, and when one extreme disappears from your mental vision, the necessary and inevitable is that you will fall to the other extreme.

And that's what has happened, Milarepa. Instead of God, `fuck' has become the most important word in our language. Even if Friedrich Nietzsche comes back, he will be surprised and he will try to resurrect somehow the dead God, because this is stupid. But you will need a whole report on it, a whole research.

One of the most interesting words in the English language today is the word `fuck'. It is a magical word. Just by its sound it can describe pain, pleasure, hate and love. In language it falls into many grammatical categories. It can be used as a verb, both transitive, "John fucked Mary," and intransitive, "Mary was fucked by John", and as a noun, "Mary is a fine fuck." It can be used as an adjective, "Mary is fucking beautiful."
As you can see, there are not many words with the versatility of fuck. Besides the sexual meaning, there are also the following uses:
Ignorance: Fucked if I know.
Trouble: I guess I am fucked now!
Fraud: I got fucked at the used car lot.
Aggression: Fuck you!
Displeasure: What the fuck is going on here?
Difficulty: I can't understand this fucking job.
Incompetence: He is a fuck-off.
Suspicion: What the fuck are you doing?
Enjoyment: I had a fucking good time.
Request: Get the fuck out of here.
Hostility: I'm going to knock your fucking head off.
Greeting: How the fuck are you?
Apathy: Who gives a fuck?
Innovation: Get a bigger fucking hammer.
Surprise: Fuck! You scared the shit out of me!
Anxiety: Today is really fucked.
And it is very healthy if every morning you do it as a transcendental meditation just when you get up, first thing, repeat the mantra "fuck you" five times; it clears your throat too!

Okay, Vimal?"

lunes, 18 de abril de 2011

El baile de osho

En este video le preguntan a osho, ¿cual es el misterio de su baile? ¿por que no actualiza ese baile? :) muchas risas aseguradas. Aunque forma parte de la meditacion rosa mistica